lunes, 25 de junio de 2012

Construir, habitar, pensar – Martin Heidegger

Por Emmanuel Mercado Brito

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El pensamiento  detrás de Construir, habitar, pensar es producido como consecuencia de una reflexión de predominante relevancia por parte de Martin Heidegger, quien fuera uno de los pensadores alemanes más influyentes del siglo pasado. Reflexión concebida en un momento de la historia critica. El escenario histórico circunstancial que sirve de trasfondo en la generación del porqué de esta reflexión es el periodo de post-guerra. 

Después de la Segunda Guerra Mundial Alemania pasaba por una aguda carencia de viviendas ya que innumerables construcciones habían sido devastadas producto de los bombardeos durante la guerra. Dada la inherente demanda de viviendas se proyectaron horribles construcciones masivas que servirían para satisfacer dicha demanda. 

El escrito de Heidegger es una reflexión que busca la crítica y en buena medida un paro a ese tipo de soluciones habitacionales. Heidegger como un entendido del lenguaje le imprime al mismo un protagonismo e importancia inmensurable mientras que analiza el significado de esas tres palabras que sirven como título “Construir, habitar, pensar”. Aplica la lógica y el análisis concienzudo en busca de un argumento irrevocable que a primera intención anuda el construir con el habitar. Estos dos términos que conjugan dos actividades distintas al mismo tiempo tienen relaciones esenciales, ya que construir, es en sí mismo, habitar.

 El hombre ha olvidado si es que alguna vez se encontraba al tanto de que conlleva el habitar, y solo si sabemos esto sabremos como habitar y solo si somos capaces de habitar podremos construir con el criterio adecuado. Al mismo tiempo si construir y habitar ganan cabida en lo que es digno de ser preguntado entonces serian dignos de ser pensados. Y es ahí donde radica la importancia. Importancia que alberga con marcado optimismo un replanteo de la soluciones habitacionales que carecen de algo tan intrínseco en el ser humano como es la dignidad. Entendiendo que la carencia de vivienda no radica en la carencia misma sino que reside en el hecho fundamental de que el hombre tiene que volverse atrás para entender y aprender  primero en toda su justa dimensión a habitar.

martes, 29 de noviembre de 2011

Adolf Loos: Ornamento y delito (1908)

Por: Emmanuel Mercado Brito


Adolf Loos
Ante una vorágine de ideas y teorías arquitectónicas previas a 1910 que se originan en Europa,  uno de los axiomas mas tratados es el  tema concerniente al ornamento. Los teóricos de la materia se habían abalanzado hacia el tema de manera acérrima. Mientras que Geoffrey Scott, consideraba que el ornamento pierde la   importancia si el control básico de la forma es suficientemente seguro, T.G. Jackson, a su vez, mencionaba que el hombre incapaz de proyectar escapaba al ornamento. 

En todo este revuelo teórico circunscrito ante todo al ornamento, una persona daría las pautas de lo que la arquitectura moderna produciría en los años posteriores, Adolf Loos.

En medio de este periodo de suma relevancia en la teoría arquitectónica, en 1908, se lleva a cabo el VIII Congreso Internacional de Arquitectura y la I Exposición de Arte. Es en esta orquestada y conveniente ocasión cuando Adolf Loos realiza su conferencia: ¨Ornamento y delito¨, la cual crea en consecuencia escándalo y revuelo en el ámbito teórico arquitectónico.

¨Ornamento y delito¨ obtiene notoriedad inmediata en los debates de arquitectura de su tiempo, creando seguidores y grandes críticos de sus planteamientos. Adolf Loos cataliza una ruptura solemne contra el ornamento, lo que  aclarece y resolvia el problema planteado por teóricos y arquitectos desde principios del siglo XIX, y lo hacía de manera drástica y precisa sin dejar lugar a la ambigüedad.

 Un poco más de un siglo después de ¨Ornamento y   delito¨ y la deshumanización construida por el modernismo se podría muy bien cuestionar la falta de referencias históricas en la arquitectura, impulsada por la máxima modernista ¨comenzar de nuevo desde cero¨. Necesitamos referencias y alusiones ya que la ausencia total de esta y del ornamento creó signos sin significado, arquitectura de ambigua y cuestionable originalidad.

La afirmación de que el ornamento ha muerto seria   limitarse a hacer un análisis superficial del escenario actual de la arquitectura. Contrario a esa afirmación, el concepto ornamento continua vigente, aunque no es menos cierto que ha sido reinterpretado contemporáneamente de acuerdo a nuevos valores.


miércoles, 16 de noviembre de 2011

APOSTILLAS A EL NOMBRE DE LA ROSA / UMBERTO ECO

Por: Emmanuel Mercado Brito
Apostillas a El Nombre de la Rosa (1985) es una especie de tratado en el que Umberto Eco cuenta como y porque escribió la novela  El Nombre de la Rosa (1980). El autor no interpreta pero si explica porque y como ha escrito.
Existe una obvia cronología a seguir en este particular caso. Sería contraproducente leer Apostillas A El Nombre de la Rosa antes de de leer la novela. En mi opinión hay que leer El Nombre de la Rosa y luego Apostillas a el Nombre de la Rosa para después retomar por nueva cuenta El Nombre de la Rosa. De esa manera seria como si se nos cubriera con un velo traslucido, todo se ve mejor y se entiende mejor aun.
Una apostilla es una acotación que aclara, interpreta o completa un texto. Dado el uso de ese término en el titulo mismo, al tenerlo en  mis manos bien entendía de qué se trataba. Se me presentaba la oportunidad de entender mejor la novela original.
Aunque la verdad misma es que lo que más me llamaba la atención en entender era el titulo mismo, el porqué llamarlo El Nombre de la Rosa. Para mi suerte el primer capítulo de Apostillas a el Nombre de la Rosa se titula ¨El nombre y el significado¨. Según cuenta el autor en Apostillas, la novela poseía como título provisional La abadía del crimen, título que se descartó porque centraba la atención en la intriga policíaca. Su sueño, afirma, era titularlo Adso de Melk, un título neutro, dado que el personaje de Adso no pasaba de ser el narrador de los acontecimientos. Umberto Eco creía que un autor no debía facilitar las interpretaciones de su obra  pero por desgracia un titulo ya es una clave interpretativa. Este mismo hecho se da  en el porqué de la serie de pinturas  de Jackson Pollock tituladas con meros números. La intención es simple, de no revelar una interpretación personal y por ende contaminar la interpretación que pueda llegar a tener el lector.
 El Nombre de la Rosa resulta haber sido el titulo tomado por casualidad. El titulo está inspirado en el verso en latin con que Adso termina la historia, ¨sta rosa prístina nomine, nomine nuda tenemus¨. Según dice Umberto Eco, le gusto ese título porque ¨la  rosa es una figura simbólica  tan densa que, por tener tantos significados, ya casi los ha perdido todos. Así el lector queda desorientado con muy buena razón, no es hasta el final que percibe la relación con el titulo y aun así después de escoger su propia interpretación inmediatamente se da cuenta que hay otras posibilidades. ¨El titulo debe confundir las ideas, no regimentarlas¨.

viernes, 14 de octubre de 2011

DECONSTRUCTIVISMO / REM KOOLHAAS

Por Emmanuel Mercado Brito

Rem Koolhaas
Nació en Rotterdam y vivió cuatro años de su adolescencia en Indonesia. Terminados sus estudios escolares, se dedicó inicialmente al periodismo, trabajando en un rotativo de La Haya. Posteriormente estudió arquitectura en la  Architectural  Association de Londres. En 2000 Koolhaas recibió el premio Pritzker, el galardón internacional más importante de arquitectura.(1)

Los jurados del premio Pritzker describen a Koolhaas  como visionario y filosofo. Algunos críticos peyorativos de su obra dicen que el resultado de sus diseños es una arquitectura que busca ser diferente por el solo hecho de ser diferente.  Es tanto así que a veces es difícil de etiquetarla.

Koolhaas gano notoriedad por sus escritos teóricos antes de realizar su primera obra. Luego de su éxito como escritor decide pasar a la practica y estableció su oficina de arquitectura junto con tres socios, al que se le dio nombre de Office for Metropolitan  Architecture (OMA).

Kollhaas fue uno de los arquitectos que participo en 1988 a una exposición ¨deconstructivista¨ organizada por los arquitectos Mark Wigley y Phillip Johnson. En esta se reafirmo y cristalizo el movimiento además de dar notoriedad y fama a sus integrantes. Wigley pasa a escribir un ensayo que acompaño la exhibición diciendo que el punto en común de los arquitectos que participaron es como ¨perturbaban la manera en que pensamos sobre la forma, construyendo edificios inquietantes que explotaban el potencial desconocido del modernismo¨. Así nació el deconstructivismo.

Jacques Derrida
El descontructivismo es una tendencia arquitectónica que se origino partiendo de la combinación de las bases teóricas filosóficas de la Deconstrucción de Jaques Derrida y el Constructivismo ruso. La deconstrucción es un planteamiento desarrollado originalmente por Martin Heidegger y luego popularizado por Jaques Derrida. Según Derrida, los diferentes significados de cualquier texto se pueden descubrir si se descompone la estructura del lenguaje que esta siendo usado, por la razón de que las palabras arrastran conceptos y metáforas que se asocian automáticamente entre ellas.

Derrida hace referencia a la literatura pero este planteamiento del deconstructivismo posee una fuerza filosófica intrínseca estruendosa lo que hace posible la traspolacion de este planteamiento a la arquitectura, a la forma.

Derrida decía que el deconstructivismo era la¨ perfección violada¨. Eso mismo pasa en la arquitectura deconstructivista. La pureza de la forma ha sido alterada, distorsionada, interrumpida, retorcida, cuando se habla de desconstrucción no se habla de demolición sino de una lectura diferente de la forma, una lectura que como bien dijo Mark Wigley  perturba la manera en que pensamos la forma  “. En esta nueva tendencia arquitectónica se cuestiona la forma llevando la estructura hacia sus limites. Se muestra hasta cierto punto la forma original de la que emerge una completamente diferente e inquietante proponiendo una noción diferente de la estructura, ya no es visualmente rígida y confiable pero deja claro que no se cae, aun así se lleva a una instancia en la cual empieza a ser inquietante.

“...lo característico en la arquitectura es la perfección violada...” (Jacques Derrida)


Television Cultural Centre / Pekin China / OMA

Koolhass ejerce una ruptura con el racionalismo modernista, se olvidan en la practica las formas puras y se piensa en una arquitectura formal de ruptura, dislocación, distorsión…. Y esto se lleva mas hasta el punto que el envolvente deja ver los esqueletos estructurales de los edificios aparentemente inestables.

Aunque a veces parecería difícil etiquetar la obra de Koolhaas es obvia una lectura deconstructivista. En su obra la masa tiene una importancia predominante, una masa nueva y diferente a todo lo que conocemos.

Rem Koolhaas plantea una filosofía en su concepción de sus edificios que según el es donde se encuentra el éxito de OMA, y este es que no solo diseñan pensando en la vista sino con una conciencia social, política y ecológica. Y todo este análisis contextual, político, social e incluso podríamos hablar hasta de historicista, se traduce a una lectura formal de cambio formal, deconstructivista, perturbantemente hermoso.

(1) Wikipedia

viernes, 30 de septiembre de 2011

Midnight in Paris / Review

Por Emmanuel Mercado Brito






Woody Allen
La verdad es que cuando Woody Allen hace una gran película cada unos cuantos años, todos hablan al unisono de cómo Allen ha regresado. Pero como lo hace con mucha regularidad la verdad es que nunca se aleja demasiado. Con Match Point (2005), Vicky and Cristina Barcelona (2008) y ahora Midnight in Paris queda bastante claro que el neurótico nerd neoyorkino sigue siendo uno de los directores americanos mas prolíferos de la industria.

Midnight in Paris abre como una hermosa postal parisina en el año 2010 y luego se convierte en una especie de cuento de hadas balanceando la insatisfacción de los tiempos con la belleza detrás de la aspiración humana.

Owen Wilson (quien pareciera un perfecto avatar de Woody Allen) interpreta a Gil, un escritor de libretos de Hollywood tratando de escribir una novela seria visita Paris con su estirada prometida Inez (Rachel McAdams) y sus más estirados y pretenciosos padres. Inez pasa la mayor parte del tiempo con un amigo, un pretencioso intelectual e increíblemente molesto  profesor británico (Michael Sheen) así que Gil se encuentra paseando por su cuenta por las calles de Paris en busca de inspiración una noche cuando el reloj marca las 12 de la medianoche.

Justo en ese momento un carro de la década de los 20 se detiene y le ofrece a Gil llevarlo a una fiesta en la cual, para su asombro, conoce a  Scott y Zelda Fitzgerald los cuales a su vez en busca de opinión literaria le presenta a Ernest Hemingway, Gertrude Stein. La cosa es que hasta llega a conocer a Pablo Picasso y Salvador Dalí (Adrien Brody) quien logra ser bastante gracioso, y hasta llega a enamorarse de Adriana (Marion Cotillard) la musa de Picasso y Modigliani. Intrigantemente Woody Allen nunca se excede con el elemento de la fantasía, transportándonos adentro y afuera a su justo momento.

Owen Wilson, Rachel McAdams
El hecho que Owen Wilson es la obvia  personificación Woody Allen hace el film mucho más digerible. Gil tiene los mismos intereses y gustos que Alllen y muy similiares maneras de expresarse. Debería también notarse que Wilson es fácilmente el mejor sustituto que jamás ha tenido Allen

Todos en el film son perfectos para sus roles. Todas los actores que dan vida a las celebridades de los años 20 que Gil encuentra en su curso durante la película logran personificar grandiosamente la esencia de las personas reales tal y como los hemos llegado a conocer mediante la historia. Naturalmente esto convierte a la película en un caso de ¨ mientras más  conoces la escena artística del Paris de los años 20, mas entenderás y sacaras de la película¨. Dado el caso de que muchos de los chistes son de referencia y obligan al espectador a saber sobre estos personajes de la historia en orden de entender mejor la película.

Woody Allen nos da una gran película mas. Es como si hubiera regresado atrás y encontrado al escritor que el fuese hace años.

9.4/10

lunes, 28 de marzo de 2011

COMENTARIO: ESTETICA DEL INGENIERO, ARQUITECTURA - LE CORBUSIER

Por Emmanuel Mercado Brito

¨Estética del ingeniero, arquitectura, dos entes solidarios, consecutivos, el uno en pleno desarrollo, el otro en plena regresión¨. De esta manera comienza Le Corbusier su planteamiento de ideas, verdaderamente pesimista.

Si nos pusiéramos como tarea encontrar en los primeros tiempos de la llamada ¨Epoca Moderna¨ una arquitectura relevante a los tiempos, que nos identificase, nos daríamos cuenta al igual que lo hizo Le Corbusier que si hay algo que si caracterizaba los primeros años de esta nueva época, es la copia despreocupada, mejor lograda en unos casos que en otros, pero sin dejar de ser lamentable. ¡Pero con toques nuevos claro! (sarcasmo intenso), reapareciendo así la época de los ¨Neos¨: neorrománico, neoclásico, neogótico…Precisamente por esto es que Le Corbusier alega estruendosamente que la arquitectura de su tiempo estaba en plena regresión.

Le Corbusier vivio el momento de los estilos impositivos y arbitrarios, de la cornisa, de la misma cornisa analizada por Frank Lloyd Wright en su libro El Futuro de la Arquitectura, (específicamente en el capitulo ¨La muerte de la cornisa¨), y encontrada deficiente, encontrada pomposa y pretenciosa, definida como un elemento seudo-clásico carente de relevancia y funcionalidad. Y es que la academia imponía el estilo y todo lo que no estuviera conforme a la Arquitectura Académica, era censurada, prohibido.
             
El motivo que impulso a Le Corbusier y otros tantos artistas de las diferentes disciplinas a impulsar una nueva idealización de la arquitectura y del arte en general, contraponiéndose así al academismo propio del inicio de siglo XX, fue nada menos y nada más que la revolución industrial.  Es precisamente la revolución industrial que propone un nuevo planteamiento a partir de los que existían hasta el momento, y por esto mismo, en el ingeniero recae tanta importancia, notoriedad y, aparentemente, el protagonismo. La ingeniería adoptaba una postura que le permitía sacar todo el provecho a las maquinas, mientras que el arquitecto se mantenía en un letargo abismal, y no solo un letargo que contiene una connotación de estancamiento, sino, de manera más pesimista como dijo Le Corbusier, ¨plena regresion¨ que no connota estancamiento, más bien retroceso bien marcado.

Por esta misma distancia (acrecentada cada vez más, de manera más absurda aun, en el momento que el arquitecto proponía meras imitaciones), entre el ingeniero y el arquitecto es que Le Corbusier llega a la conclusión ¨es hora de confrontar al arquitecto con el ingeniero¨. Debía existir un acercamiento a la ya existente distancia abismal entre ambas disciplinas. La arquitectura debía encontrar un nuevo replanteamiento de sí misma, utilizando las ventajosas herramientas definidas por las industrias.

COMENTARIO: EL POBRE HOMBRE RICO - ADOLF LOOS

Quiero contaros algo acerca de un pobre hombre rico. Tenía dinero y propiedades, una mujer fiel que, al besarle en la frente, le quitaba todas las preocupaciones que traía consigo el negocio, y varios hijos. Por todo ello, cualquier trabajador podía envidiarle. Sus amigos le querían porque en todo lo que intervenía prosperaba, pero hoy en día la situación es completamente diferente. Le sucedió lo siguiente:


Un día le dije al protagonista de esta historia: "Tienes dinero y propiedades, una mujer fiel e hijos, cosas por las que cualquiera de tus trabajadores podría envidiarte. Sin embargo, ¿eres feliz? Mira, hay personas a las que les falta todo esto que tú posees. Pero sus preocupaciones desaparecen gracias a un gran mago, el arte. Y para ti, ¿qué es el arte? Ni siquiera conoces su nombre. Cualquier advenedizo puede entregar su tarjeta de visita y tu servidor le abrirá la puerta. Pero nunca has recibido al arte". "Ya sé que no ha entrado en casa, pero lo buscaré. Ha de mudarse a mi casa como un rey para vivir conmigo."


Era un hombre poderoso, lo que empezaba lo llevaba a cabo con energía. En sus negocios ya se estaba acostumbrado a esto. Y así, aquel mismo día fue a ver a un arquitecto y le dijo: «Tráigame arte a casa. Los gastos carecen de importancia». El arquitecto no dejó que se lo dijeran dos veces. Fue a la vivienda del hombre rico, tiró todos sus muebles e hizo que fuera allí un ejército de hombres para poner parquet, encalar, hacer trabajos de carpintería y albañilería, revocar; llamó a fontaneros, alfareros, tapiceros y pintores y escultores. Tendrían que ver ustedes cómo se introdujo y custodió el arte en casa del hombre rico.


Éste era más que feliz y en ese estado de ánimo deambulaba por las nuevas habitaciones. Dondequiera que mirase había arte, arte en todo y en cada cosa. Cogía arte cuando cogía el picaporte, se sentaba sobre arte cuando se dejaba caer sobre un sillón. Su cabeza tocaba arte cuando, cansado, la apoyaba sobre la almohada; su pie se hundía en arte cuando pisaba una alfombra. Con inmenso fervor se entregaba al arte. Desde que su plato fue un plato decorado volvió a cortar con firmeza su boeuf à l’oignon. Se le alababa, se le envidiaba. Las revistas de arte le enaltecían diciendo que era el primero de los mecenas. Sus habitaciones se copiaron y se pusieron como modelo.


Lo merecía. Cada habitación constituía una completa sinfonía de colores. Pared, muebles y telas se hallaban armonizadas del modo más refinado. Cada objeto ocupaba su lugar determinado y combinaba maravillosamente con los demás. El arquitecto no había olvidado nada en absoluto. Ceniceros, cubiertos, interruptores, todo lo había diseñado él. Pero no se trataba de las artes usuales de los arquitectos, no; en cada ornamento, en cada forma, en cada clavo, se hallaba expresada la personalidad de su propietario. (Un trabajo psicológico de cuya dificultad cualquiera podrá darse cuenta.)


Pero el arquitecto, humildemente, rechazaba toda honra. «No», decía, «estas habitaciones no son mías. Allí, en la esquina, hay una estatua de Charpentier. Así como no admitiría que alguien dijera que una habitación era obra suya si había usado en ella algunos de mis picaportes; no puedo presumir tampoco de que estas habitaciones sean de mi propiedad espiritual». Habló noble y consecuentemente. Cierto carpintero, que había revestido las habitaciones del rico con papel pintado de Walter Crane, y que quería atribuirse la paternidad de los muebles que en ella se encontraban porque los había creado y realizado, se avergonzó hasta lo más profundo de su negra alma cuando oyó esas palabras.



Volvamos, después de esta interrupción, a nuestro hombre rico. Ya he dicho antes lo feliz que éste era. Gran parte del tiempo lo dedicaba sólo al estudio de su vivienda. Porque tenía que aprendérsela; pronto se dio cuenta de ello. Había mucho que ver. Cada objeto tenía su sitio determinado. El arquitecto había realizado su labor con la mejor intención, pensando en todo. La menor cajita tenía un espacio concebido precisamente para ella.

La vivienda era cómoda, pero complicada. Por ello, el arquitecto vigiló el modo de vivir en ella de sus habitantes, durante las primeras semanas, con el fin de que no cayeran en ninguna falta. El hombre rico se esforzaba al máximo. Pero, sin embargo, ocurrió que, al coger un libro, estando ensimismado, lo dejó luego en el lugar correspondiente a las revistas. También podía suceder que la ceniza de su puro fuera a parar a un rehundido de la mesa, destinado a un candelabro. Si alguna vez alguien tomaba un objeto, más tarde había que pasarse horas tratando de averiguar el sitio correcto al que correspondía. Y a veces, el arquitecto tenía que desarrollar sus croquis para poder encontrar el sitio que se había destinado, por ejemplo, a una caja de cerillas.

En un lugar en que las artes aplicadas habían obtenido un triunfo semejante, la música aplicada no podía quedar atrás. Esta idea preocupaba al hombre rico de un modo absorbente. Presentó una solicitud a la compañía de tranvías, pidiendo que, en vez de tocar los timbres sin sentido, produjeran el tema de las campanas del Parsifal. No halló en la compañía comprensión alguna. Allí no se recibían con entusiasmo las ideas modernas. En cambio, se le permitió pavimentar la zona de delante de su casa, corriendo los gastos por su cuenta, de modo que cada vehículo que pasaba por allí estaba obligado a hacerlo al ritmo de la marcha de Radetzky. El sonido de los timbres eléctricos de la casa también se adaptó a motivos de Wagner y Beethoven. Y todos los críticos de arte más famosos alabaron enormemente al hombre que había abierto una trayectoria nueva: el arte en el artículo de consumo.

Puede imaginarse que todas estas «mejoras» hacían a nuestro protagonista aún más dichoso de lo que era.
Pero no se debe silenciar que optó por estar el menor tiempo posible en su casa. Es natural que haya que descansar de tanto arte. ¿Podría usted vivir en una galería de pinturas? ¿O escuchar durante meses enteros Tristán e Isolda? Pues, entonces, ¿quién podría censurarle porque se fuera a un café, a un restaurante, con amigos y conocidos, a reponer fuerzas? Él lo había imaginado de otro modo. Pero el arte exige sacrificios. Ya había hecho muchos por él. Sus ojos se humedecieron. Pensaba en aquellos objetos viejos que había querido y a los que, a veces, echaba de menos. ¡El gran sillón! Su padre siempre había hecho la siesta en él. ¡El viejo reloj! ¡Y los cuadros! Pero ¡el arte lo exige! ¡No hay que ablandarse!

En cierta ocasión, celebró su cumpleaños. Su mujer y sus hijos le hicieron costosos regalos. Le agradaron sobremanera y le proporcionaron gran alegría. Pronto llegó el arquitecto para tomar decisiones en cuestiones difíciles. Entró en la habitación. Satisfecho, le salió al encuentro el dueño de la casa, que se sentía emocionado. Pero el arquitecto no vio la alegría del dueño de la casa. Había descubierto algo y palideció. «Pero, ¿qué zapatillas lleva usted?», preguntó como costándole un esfuerzo.

El dueño de la casa miró sus zapatillas bordadas. Luego respiró aliviado. Esta vez no tenía culpa en absoluto. Las zapatillas habían sido realizadas según el proyecto original del arquitecto. Por ello, contestó con aire de superioridad:
"¡Pero, señor arquitecto! ¿Ha olvidado que usted diseñó estas zapatillas?"
«Cierto», bramó el arquitecto, «¡pero para el dormitorio! En esta habitación destroza usted con estas dos manchas de color toda la armonía que en ella existe. ¿No se da cuenta?» El dueño de la casa lo reconoció. Rápidamente se quitó las zapatillas y casi se murió de alegría porque el arquitecto no encontró inaceptables los calcetines que llevaba. Se dirigieron al dormitorio para que el hombre rico pudiera ponerse los zapatos. «Ayer», empezó a decir tímidamente, «celebré mi cumpleaños. Mi familia me colmó de regalos. Le he mandado llamar, querido arquitecto, para que nos aconseje la mejor manera de distribuir las cosas que me han regalado».

El rostro del arquitecto se alargó visiblemente. Luego, prorrumpío:

«¿Cómo se le ha ocurrido permitir que le regalen cosas? ¿Acaso no he proyectado ya para usted todo lo necesario? ¡No necesita nada más! ¡Está usted completo!»

«Pero», se permitió replicar el dueño de la casa, «alguna vez podré comprarme algo, ¿no?»

«¡No, no puede hacerlo! ¡Jamás! Esto es lo único que faltaba, ¿cosas que no las haya diseñado yo? ¿No he hecho bastante permitiéndole el Charpentier? ¡La estatua que me roba toda la fama que merece mi obra! ¡No, no puede usted comprar nada más!»

«¿Y si mi nieto me regala uno de sus deberes del jardín de infancia?»

«¡No puede aceptarlo!»

El dueño de la casa estaba anonadado. Sin embargo, no se daba por perdido. De pronto se le ocurrió una idea, ¡si, una idea!

«¿Y si quisiera comprarme un cuadro de la Secession?», preguntó triunfante.

«Intente, intente colgarlo en algún sitio. ¿No ve que no sobra espacio para nada más? ¿No ve que, para cada cuadro que colgué en su casa, compuse también un marco en la pared? Con otro cuadro no podría ni moverse. Pruebe a poner otro, ande.»

Entonces, se produjo una transformación en el hombre rico. De feliz pasó a ser profundamente desgraciado. Veía su vida futura. Nadie podría proporcionarle alegría. Tendría que pasar ante las tiendas de la ciudad sin ningún deseo. No se crearía nada más para él. Ninguno de sus seres queridos le podía regalar su fotografía. Para él no habría ya pintores, ni artistas, ni artesanos. Se hallaba excluido de la vida futura y del aspirar a algo, del ser y del anhelar. Sentía: ahora hay que aprender a circular con su propio cadáver. ¡Si! ¡Está acabado! ¡Está completo!

COMENTARIO

Por: Emmanuel Mercado Brito


Adolf Loos examina a fondo al tipo de arquitecto déspota y arrogante que no respeta a sus clientes. Este arquitecto hace de la casa una obra de arte integral, en la que nada se escapa al diseño arbitrario, hasta los objetos de uso diario.

Como futuro arquitecto la historia de El Pobre Hombre Rico es bien recibida. En la práctica de la arquitectura es de vital importancia diseñar de manera personalizada, teniendo en total cuenta los gustos de los clientes. Aunque estos no conozcan ni tengan los referentes que si poseen los arquitectos, debe haber siempre una comunicación y común acuerdo entre cliente y arquitecto. El usuario debe poder entender todas y cada una de las decisiones de diseño tomadas por el arquitecto, así que estas decisiones no sean arbitrarias ni sufran de imposición. El usuario debe poder habitar y usar de manera eficiente y eficaz todo el ente arquitectónico sin sentirse en ningún momento abrumado por este. Después de todo, un cliente satisfecho es la mejor carta de presentación que podamos tener. En la práctica de la arquitectura las referencias profesionales poseen una importancia inmensa.

La arquitectura debe percibirse con gracia y facilidad, nunca como pretenciosa, pomposa y carente de significado para el cliente. El arquitecto debe tomar decisiones de diseño no para sí mismo ni tampoco solo para crear una obra grandilocuente, sino para el usuario en todo momento. Se debería plasmar una arquitectura ingeniosa, práctica y hermosa de la manera más acabada posible, pero nunca dejándonos llevar a nosotros mismo por el ego profesional personal. El móvil que nos impulse a hacer buena arquitectura nunca debe ser la exposición de nuestra obra en los medios ni revistas, sino el nivel de satisfacción, buen uso y apropiamiento  que pudiéramos lograr para el usuario mismo.